Manejo del estrés académico II

En la primera parte del post “Manejo del estrés académico I” hemos aprendido a conocer mejor qué nos estresa, así cómo reaccionamos y de qué manera lo afrontamos. En esta segunda parte hacemos hincapié en que podemos decidir si  pretendemos continuar respondiendo como solemos hacerlo o si preferimos realizar algún cambio.

Si te decides por el cambio, a continuación proponemos algunas formas sencillas de evitar que el estrés te domine.

Respetar las reglas básicas de una vida saludable

Foto realizada por Marga Jaume Teruel

Foto realizada por Marga Jaume Teruel

Sabemos que es importante gestionar el tiempo considerando tanto los propios intereses como las obligaciones o tareas pendientes. Por ello, no debemos enfatizar exclusivamente en planificar el tiempo de estudio, también debemos tener en cuenta que además de estudiantes somos personas, y como tales tenemos múltiples necesidades que no podemos obviar y que hemos de satisfacer a partir de actividades lúdicas, sociales, deportivas o culturales, entre otras.

Hemos de revisar nuestras expectativas y metas, tratando de que sean realistas, para evitar frustrarnos y estresarnos. Hemos de atender a las necesidades físicas, mentales y emocionales, pues resulta ser una estrategia eficaz en el control del estrés. Más que luchar con nuestras propias reacciones, hemos de observar con atención y no juzgar lo que nos está ocurriendo, pues de esta manera rebajaremos de forma natural la tensión.

Atender y tener conciencia de tu experiencia en el presente

Esta práctica viene asociada al concepto de ‘mindfulness’, consiste en observar lo que llega a la mente a través de los sentidos, nuestros pensamientos y nuestras emociones, sin juzgarlo, sin reprimirlo, sin forzarnos a cambiarlos, simplemente, aceptándolos y dejando que vayan cambiando. Una buena técnica consiste en adoptar una posición cómoda y descansada (siéntate en el suelo con las piernas cruzadas, o en una silla con la espalda recta, y apoya los pies planos sobre el suelo y las manos en el regazo o las piernas), y observa cada pensamiento o emoción que pase por tu mente sin reprimirlo, aceptándolo tal como es y luego vuelve tu atención a tu respiración.

Cuando aprendemos a vivir siendo conscientes de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo, desaparecen muchas de las inquietudes innecesarias que se refieren al pasado y el futuro. Vivir intensificando la experiencia del presente, aquieta la mente y ayuda a generar un estado de serenidad y de plenitud.

Relajar la tensión muscular

En ocasiones ni tan siquiera somos conscientes de que la tensión generada por el estrés repercute negativamente sobre nuestro cuerpo, agarrotando nuestros músculos y favoreciendo una respiración superficial. Estos efectos pueden cronificarse, pero también podemos combatirlos y prevenirlos realizando ejercicio físico derivado de hacer deporte o simplemente de dar un paseo andando o en bicicleta, lo que nos ayudará a relajar esta tensión y recuperar energía para afrontar las demandas de nuestra vida. Pero no está de más aprender y poner en práctica ejercicios específicos de relajación basados en la respiración profunda y la distensión muscular. Aquí tenéis un ejemplo de una secuencia a seguir:

  • Siéntate en un lugar cómodo o túmbate sobre una manta en un lugar donde no te interrumpa nadie ni puedan molestarte ruidos intensos. Escucha música suave o simplemente permanece en silencio.
  • Respira profundamente, contando despacio hasta 5 al inhalar el aire. Nota como el cuerpo se expande. Expulsa el aire contando despacio hasta 5.
  • Repite la inspiración profunda mientras tensas los músculos de los pies y notas la sensación. Mantén la tensión durante 3 segundos.
  • Expulsa el aire mientras relajas los músculos tensados. Nota la relajación.
  • Repite los pasos con otro grupo de músculos, avanzando desde los pies hacia las pantorrillas, los muslos, el estómago, los brazos y las manos.
  • Permanece disfrutando de ese estado simplemente observando tus sensaciones y tus pensamientos sin aferrarte a ellos. El efecto puede ser más benéfico si mentalmente repites alguna palabra que asocies a la sensación de calma.

Si practicas los suficiente, cuando te enfrentes a situaciones reales que te provoquen ansiedad (por ejemplo, exponer un trabajo ante toda la clase) o imagines una situación que temas y te haga anticipar esa ansiedad (continuando con el ejemplo anterior, un compañero te llama para consultarte una duda sobre la exposición), en pocos minutos podrás rebajar el nivel de tensión haciendo varias respiraciones profundas, al tiempo que sueltas los músculos y repites en tu mente las palabras que hayas asociado al estado de relajación.

Evitar las distorsiones del pensamiento

Muchas veces nuestra forma de pensar, la forma en que nos hablamos a nosotros mismos, no está ajustada a la realidad, sino que está distorsionada, haciendo que nos sintamos amenazadas injustificadamente, así como haciéndonos sentir mal e impidiéndonos responder de manera eficaz. Entre los errores de pensamiento más frecuentes podemos encontrar los siguientes:

  • Sacar conclusiones sin evidencia. Ejemplo: El profesor comenta durante las primeras clases que para sacar el mayor provecho a su asignatura resulta conveniente tener una buena base de otra en la que nosotros sacamos un aprobado raspado. Pensamos: ‘’No tengo nada que hacer, ya puedo dar la asignatura por suspendida’’.
  • Hacer generalizaciones excesivas. Ejemplo: El profesor comenta en clase que debemos exponer un trabajo en grupo. Pensamos: ‘’Soy incapaz de hacerlo, la única vez que lo he intentado hice el ridículo delante de todos, no fui capaz de articular palabra’’.
  • Utilizar filtros mentales (especialmente perjudicial cuando el filtro se trata del pesimismo extremo). Ejemplo: Tenemos un examen en el que debíamos estudiar 30 teoremas, pero por falta de tiempo hemos obviado estudiar algunos, y cuando llegamos al examen nos preguntan por uno de los que no hemos estudiado. Pensamos: ‘Soy un inútil, estaba claro que ese teorema iba a caer. Estuve a punto de prepararlo y al final lo dejé. Me he dejado en blanco esa parte. Que birria de examen’’.
  • La personalización. Esta viene referida a cuando nos autoadjudicamos la causa o responsabilidad de un hecho o circunstancia cuando no es así. Ejemplo: Vamos a la revisión de un examen y la profesora nos habla con educación pero con menos cordialidad de la que esperábamos. Pensamos: ‘’Se está impacientando porque piensa que mis preguntas son banalidades, algo trivial o sin importancia. Está de malhumor porque le ofende mi  escaso nivel o porque piensa que no valgo para ser matemático’’.
  • Pensar de forma dicotómica o absolutista. Nos referimos al hecho de clasificar las experiencias en dos categorías opuestas: bueno-malo, éxito-fracaso, responsable-irresponsable. Ejemplo: Se nos ha echado el tiempo encima y no podemos preparar a fondo los dos últimos exámenes aunque todos los demás nos han salido aceptablemente. Pensamos: ‘’Este curso es un desastre, soy un irresponsable, voy a pasar un verano horrible estudiando y sin poder salir a ninguna parte’’.

Estas distorsiones aumentan nuestra preocupación y malestar innecesariamente, estresándonos. Pero podemos invertir la situación, podemos detenernos y sustituir esos pensamientos por otros más funcionales. Por ejemplo:

  • No es agradable, pero puedo controlarlo. Puedo manejar esta situación. Puedo con ello.
  • Esto es un reto y voy a por él.
  • Puedo rebajar la tensión aunque solo sea un poco más. Es el momento de respirar con calma.
  • En otras ocasiones lo he logrado. He conseguido vencer cosas peores.

No temáis experimentar con algunas de estas recomendaciones a la vez que las adaptáis a vosotros mismos. Con un poco de perseverancia, poco a poco iréis conociendo su funcionamiento, pues pese a tratarse de estrategias lentas y en ocasiones complicadas de adquirir, a largo plazo resultan muy efectivas.

 Post realizado por Javier Lombarte Pasquín

Manejo del estrés académico I

Es bien sabido que los años de universidad pueden ser tan apasionantes y enriquecedores como estresantes. Especialmente durante el primer año en el que nos enfrentamos a las nuevas exigencias académicas, muy distintas a las del instituto, así como a la tensión de adaptarse a la convivencia en un piso de estudiantes, establecer nuevas relaciones con los nuevos compañeros y asumir una mayor autonomía respecto a la vida familiar. Pero sea cual sea el curso en el que nos encontremos, la época de exámenes es con diferencia la más estresante para todos.

Foto realizada por Marga Jaume Teruel

Foto realizada por Marga Jaume Teruel

Por regla general, solemos adaptarnos sin mayor dificultad a las demandas de esta etapa universitaria. Sin embargo, cuando la tensión es excesiva o muy persistente, su coste, en términos de salud y descenso de rendimiento, puede resultar muy elevado, de ahí la importancia de comprender bien el fenómeno del estrés y de aprender a manejarlo. Hemos de ser conscientes de que adquirir destrezas para relajarnos y concentrarnos, no sólo puede mejorar nuestro estado de ánimo sino que aumenta nuestra productividad y creatividad.

Pero antes de aprender técnicas para manejar el estrés, es importante que entendamos que significa exactamente este concepto. Hablamos de estrés cuando una determinada situación sobrepasa nuestras habilidades o recursos para resolverla con éxito. Pero es verdad, que cierto nivel de estrés nos ayuda a esforzarnos y desarrollar nuestras habilidades y competencias, sin embargo, cuando es muy intenso o se prolonga demasiado, puede perjudicarnos seriamente. Podemos concluir que lo ideal no es vivir sin estrés sino aprender a manejar de forma activa y eficaz las situaciones potencialmente estresantes.

El siguiente paso es aprender a reconocer los signos que nos indican que estamos estresados. Podemos clasificarlos en cuatro grupos: fisiológicos, conductuales, cognitivos y emocionales. Los cambios físicos preparan a nuestro organismo para afrontar la situación fuente de estrés, por lo que se produce una descarga de adrenalina, aceleración de la respiración, aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, sudoración, etc. Sin embargo, como estas alteraciones suponen un gasto de energía extra, dejan de ser funcionales si la respuesta de alarma es demasiado intensa o duradera.

En cuanto a los cambios cognitivos, podemos observar que la atención, la concentración, la memoria y el pensamiento se focalizan en las demandas de la situación. En principio esta respuesta resulta adaptativa, pero cuando el nivel de tensión es demasiado elevado, deja de serlo y nos cuesta mucho evitar pensamientos negativos y repetitivos que nos impiden actuar de forma racional.

Desde el punto de vista afectivo, el exceso de estrés supone una experiencia desagradable, caracterizada por la inquietud, la tristeza, la ira e incluso la desesperanza frente a una situación que interpretamos nos sobrepasa.

Respecto al apartado de respuestas comportamentales al estrés, podemos encontrar hábitos desordenados de alimentación y descanso, así como consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, entre otras.

Por otro lado, también resulta interesante conocer que situaciones suelen ser potencialmente estresantes para la mayoría de estudiantes universitarios. Entre las más comunes podemos encontrar las siguientes: la falta de tiempo para cumplir con las actividades académicas, exponer oralmente en clase, la sobrecarga de trabajo, preparar y realizar los exámenes, la presión familiar por los resultados, trabajar en grupo, la competitividad, la falta de tiempo para la vida social y el ocio…

Pero todos conocemos a personas que manejan mejor sus niveles de estrés, entonces nos preguntamos ¿en qué se diferencian de las menos hábiles en el manejo del estrés?

La respuesta se puede resumir en tres puntos básicos: identifican antes los primeros signos de estrés, conocen mejor los estímulos o situaciones que les estresan, y aplican estrategias que les ayudan a evitar niveles de estrés perjudiciales. Por ello, el primer paso para mantener el estrés a controlado es el autoconocimiento, es decir, tomar conciencia de cómo nos afecta, discriminar si nuestro nivel de estrés es funcional y ante que situaciones puede resultar demasiado elevado.

Post realizado por Javier Lombarte Pasquín

La diferencia entre estudiar y realizar un examen

Me gustaría empezar el artículo haciendo hincapié en que ojalá no tuviésemos que diferenciar entre estudiar y realizar un examen. Pero habitualmente la realidad no guarda apenas relación con nuestras ideas preconcebidas.

Fotografía realizada por Thais Ávila Valverde

Fotografía realizada por Thais Ávila Valverde

De esta manera, muchas más veces de los que quisiéramos, nos encontramos con que hemos ido atendiendo perfectamente a lo largo de una asignatura, entendiendo los conceptos y llevando el material al día, es decir, que creemos que estamos preparados bastante bien para realizar el examen, y aún así, cuando nos hallamos frente al correspondiente examen todo nos parece desconocido.

¿Por qué ocurre esto? Simplemente porqué no es lo mismo estudiar entendiendo una asignatura, que estudiarla conociendo lo que se va a esperar de nosotros en un examen.

Quiero remarcar que la primera parte es condición necesaria para afrontar un examen, hay que estudiar la asignatura y entenderla principalmente. Ahora bien una vez llevado a cabo este paso, ¿qué podemos hacer para que a la hora de enfrentarnos al examen podamos conseguir mejores resultados? Os dejo algunas ideas que considero relevantes:

1. Buscar exámenes de otros años:

Cuanto más recientes mejor, pero si además podemos conseguir tres o cuatro  exámenes de cursos anteriores, muchísimo mejor. Conseguir exámenes de años anteriores nos ayudará a ver cómo es el tipo de examen con el que nos encontraremos. Por ejemplo:

    • Si es tipo test, si serán únicamente ejercicios prácticos o será más teórico, que proporción y peso tendrán en la puntuación los teoremas y las cuestiones, etc.
    • La dificultad o el nivel que se espera de nosotros. Realizar cuestiones de otros años nos ayuda a entrenar y ver si realmente entendemos la asignatura, además de ver si somos capaces de desarrollar los conceptos por nosotros mismos.
    • Poder saber cuáles son los teoremas que más suelen preguntar y así hacer más hincapié en ellos. En los exámenes prácticos puede ser de utilidad ver que ejercicios “tipo” salen para practicarlos hasta que los realicemos con soltura.

 2.       El profesor que nos va a corregir:

La verdad es que si hacemos las cosas bien no deberíamos de tener problemas en este apartado, aun así hay profesores más exigentes que otros y eso lo debemos tener en cuenta. Podemos plantear ciertas cuestiones directamente al profesor o a alumnos hayan cursado con el mismo, como por ejemplo:

    • Si a la hora de realizar una demostración nos exigen que conozcamos la que se ha realizado en clase, o resulta válida cualquier demostración, siempre que sea correcta.
    • Si hay que redactar con más o menos detalle cada paso que realicemos tanto en las demostraciones como en las cuestiones.
    • Si además de la demostración principal se han de demostrar los resultados previos utilizados.

3.       Ser rigurosos con lo que escribimos:

 Ya comentamos en artículos anteriores la importancia de creer en nosotros mismos para comenzar a demostrar, pero además de ello hemos de convencer a la persona que nos corrige, demostrándole que sabemos lo que estamos escribiendo, y de que las ideas mágicas no han aparecido en sueños o han sido copiadas. Aquí si escribimos  siempre será diferente a escribir un  y eso puede significar dar a entender si sabemos lo que estamos demostrando o no, es decir, puede ser la diferencia entre tener la puntuación completa en teorema o directamente tener un cero en ese apartado.

 4. Gestión del tiempo dentro del examen:

Hacer una revisión previa del examen leyendo bien las preguntas nos ayuda a identificar cuales podemos contestar más rápido y cuales pueden llevarnos más tiempo. No hay que asustarse si a priori hay cuestiones que nos parecen muy difíciles o no entendemos que es lo que nos están preguntando, éstas las dejaremos momentáneamente para contestar todas aquellas que sabemos resolver bien. Una vez hayamos solucionado las que nos sabíamos con total seguridad, podemos ir eligiendo según la dificultad, y si en algún momento nos sentimos atascados apartamos la pregunta para volver más tarde y comenzamos otra nueva.

Lo importante es entender que aunque normalmente hay tiempo de sobra, si dedicamos demasiado tiempo a las preguntas que más nos cuestan podemos llegar a no realizar otras que nos pueden ayudar a aprobar, por lo que es necesario concentrarse primero en éstas. Lo segundo más importante es que pese a que en un primer momento puedan resultarnos difíciles algunas cuestiones, muchas veces son más simples de lo que creemos y no es necesario buscar estrategias complicadas para resolverlas.

 5.       Analizar los resultados obtenidos:

 No siempre es posible saber si tenemos una pregunta bien o no, pero sin obsesionarnos con ello, podemos comprobar si tienen sentido los resultados obtenidos. Por ejemplo, si obtenemos una probabilidad negativa o superior a uno es que hay algún paso que hemos realizado mal, si estamos calculando volúmenes o áreas las integrales han de ser positivas siempre, etc.

6.       Postura, cansancio, respiración, y preocupación.

Hasta ahora todas las recomendaciones que hemos propuesto podríamos decir que son más técnicas, pero ¿puede jugar a favor o en contra el ambiente que nos rodea? La respuesta es un rotundo sí.

    • Es importante mantener una postura correcta a la hora de sentarnos, ya que estaremos alrededor de una a cuatro horas  realizando el examen. El hecho de permanecer en una postura inadecuada puede producirnos, entre otras cosas, dolor de espalda o de riñones, lo que puede hacer que nuestra atención se focalice en el dolor y no en la tarea que estamos realizando, perdiendo concentración. El tipo de ropa con la que acudimos no es menos importante, necesitamos sentirnos cómodos así como mantener una temperatura corporal apropiada. Llevar una manga corta debajo o una chaqueta de repuesto nos puede ayudar a evitar verdaderas incomodidades ocasionadas por el calor o el frío.
    • Gestionar el cansancio en ciertas ocasiones nos resulta muy complicado, pero hemos de intentar llegar descansados y bien alimentados. Nos puede resultar de gran ayuda llevarnos una botella de agua para mantenernos bien hidratados, un aspecto fundamental en nuestra concentración.
    • La respiración también juega un papel muy importante, aunque nos cueste creerlo. A través de ella podemos gestionar el estrés al que nos enfrentamos, ayudar al cuerpo a oxigenarse y coger fuerzas para pasar de una cuestión a otra. Respira de manera consciente y profunda, esto te proporcionará un plus de energía para seguir.
    • La preocupación en cierta medida puede ser una aliada antes de los exámenes pero también un verdadero enemigo cuando los estamos realizando. A priori puede ayudarnos a esforzarnos más y trabajar más duro, pero una vez estamos realizando el examen ya no nos resulta de provecho.  Lo que hemos aprendido bien nadie nos lo quita, pero ya no podemos hacer nada por lo que no hemos podido estudiar con más profundidad. Así que en vez de lamentarnos por lo que no hemos realizado o intentar aprender de manera rápida un montón de cosas que no nos ha dado tiempo, hemos de intentar trabajar la confianza en notros mismos, sentirnos optimistas y motivarnos para que lo que sepamos lo realicemos bien.

Como siempre comentaros que aquí os dejamos tan solo algunos consejos que consideramos de utilidad, y cada uno de nosotros de manera particular los tendrá más o menos controlados. Os invitamos a que a través de comentarios tanto aquí como en Facebook nos deis los vuestros propios consejos ya que éstos son solo algunos de una grandísima lista que se podría escribir.

Post realizado por Thais Ávila Valverde

La Navidad: Un retiro para coger fuerzas para los exámenes y recuperar materia atrasada

Solemos relacionar la Navidad con el descanso, la familia, los amigos, los regalos, el amor y la felicidad entre muchas otras. Toda esta cantidad de pensamientos positivos nos aporta un bienestar que nos mejora la autoestima y nos hace sentir mejor con nosotros mismos. Esto es muy importante, porque sin esta estabilidad emocional no podríamos tener fuerzas para enfrentarnos a esa época tan temida por muchos que son los “exámenes” y a la que a veces se le tiene verdadero pánico.

Ahora bien, ¿Cuál es el problema con el  que muchas veces nos encontramos? que la época de exámenes suele empezar sólo una o dos semanas después de que se acaben las vacaciones.

Fotografía realizada por Thais Ávila Valverde

Fotografía realizada por Thais Ávila Valverde

Esto a priori no debería ser un problema pero muchas veces las ganas de disfrutar con los nuestros y de descansar hace que lleguemos al día 7 de enero, echemos la vista atrás y a penas hayamos estudiado, aunque inicialmente hubiéramos visto las navidades como la mejor época para ponerse al día.

Pero este año podemos conseguir que sea distinto, que llegue el día 7 y en vez de  sentirnos culpables por no haber avanzado tanto, nos sintamos orgullosos de que hayamos podido planificarnos y recuperado materia atrasada, además de disfrutar de las vacaciones.

¿Para ello que necesitamos?

  1. Una buena planificación del trabajo que realizaremos en vacaciones
  2. Autodisciplina
  3. Aprender a poner límites.

 1.       Planificación del trabajo que realizaremos en vacaciones:

Esto es un poco como la cogida de apuntes, cada uno tiene un librillo, sabe que cosas le funcionan y cuáles no, por lo que no hay una metodología perfecta para ello. Aún así os voy a contar una, no porque sea mejor que otras, sino porque al menos a mi me funcionaba por lo que creo que habrá gente que llevándolo a su terreno le puede ser de ayuda.

Normalmente llegaba el día 23 y tenía la oportunidad de bajar al chalet a pasar las navidades con mis padres. Esto ayudaba porque era un sitio tranquilo rodeado de naturaleza donde podía pasear y hacer deporte. Además tenía un lugar en el piso de arriba donde apenas se oían ruidos, no había internet ni distracciones posibles, más allá del propio divagar de mi mente.

Pero todas estas cosas no eran las más importantes, únicamente ayudaban a que hubiera menos distracciones. La verdadera clave era plantearme un buen desarrollo y planificación del trabajo que quería realizar.

Así que lo primero que hacía era coger el calendario de exámenes y ver qué tiempo tenía  hasta el primero y como se iban distribuyendo. ¿Por qué hacía esto? Porque normalmente el primero es el último examen que estudiaba y el último de los primeros, dependiendo por supuesto de la dificultad de la asignatura.

Lo segundo que realizaba era una división por días de los que tenía según la dificultad de cada asignatura. Es decir, sabía que para poder entender mejor la materia de análisis necesitaría más tiempo que para estudiar, que para estudiar el temario de fractales por lo que le dedicaba algún día más a la primera asignatura. Pero la cosa más importante para mí, era que iba estudiando una asignatura detrás de otra, no todas a la vez. Eso me ayudaba a sumergirme mejor en cada una de ellas y entenderlas con mayor profundidad.

Para ello solía ponerme un horario razonable, ni pocas ni demasiadas horas al día,  respetándome algunos días del calendario como días  “festivos” completamente: noche buena, navidad, noche vieja, año nuevo, reyes, etc.

Me levantaba a las 8.30 desayunaba y a las 9 ya estaba estudiando, hacía un parón de un par de horas para comer sobre las 2 y a las  4  o  4.30 estaba volviendo a trabajar hasta las 6.30-7. El resto del día lo dedicaba a estar con mi familia, a hacer deporte o a dedicármelo a mí misma; leer un buen libro, ir al cine, estar con los amigos o el novio, etc.

2.       Autodisciplina:

Bien, lo de arriba esta genial pero no hubiera sido posible sin una gran autodisciplina por mi parte. Es relativamente fácil planificarse y motivarse inicialmente, sobre todo soñando lo que uno puede ser capaz de realizar en navidades, pero llega el primer día suena el despertador y ya no nos resulta tan sencillo el levantarnos y ponernos a trabajar. En ese momento es cuando hemos de trabajar nuestra autodisciplina. ¿Pero qué es la autodisciplina? Si buscamos por Internet podemos encontrar algunas definiciones como estas:

“La autodisciplina es la habilidad que tienes para tomar acción, sin importar tu estado emocional”

“La autodisciplina es una herramienta transversal que facilita los procesos de motivación y persistencia y que por tanto permite lograr el éxito

Bien se trata de darse razones de por qué nos conviene más levantarnos que seguir durmiendo. Para ello me repetía una frase que me decía mi padre cuando era pequeña:

“A veces las cosas que más cuestan a corto plazo son las que más gratitud te dan a largo plazo”

Se trata de recrearnos en la recompensa que tendremos si hacemos las cosas bien, como por ejemplo:

  • Tener menos estrés durante la época de exámenes, ya que estaremos repasando y no estudiando por primera vez.
  • Conseguir mejores resultados; aprobar más asignaturas, sacar mejores notas, etc.
  • Y no menos importante ver hasta qué punto estamos preparado para aprobar una asignatura en concreto.

Entre muchas otras. También podemos pensar que si aprovechamos el tiempo nos mereceremos más ese descanso de después de las 7 y lo disfrutaremos más.

3.       Poner Límites:

Bien, ya tenemos nuestro plan de trabajo y maneras de automotivarnos, … pero de repente nos manda un whassap un amigo para quedar, tenemos ganas de mirar el correo o el facebook, etc. Aquí es cuando hemos de aprender a ponernos límites, lo cual es de las cosas más difíciles que hay hoy en día con la cantidad de distracciones que nos rodean. Ya he comentado que tenía la suerte de poder encontrar como mi pequeño rincón de retiro en el chalet de mis padres, pero no todo el mundo tiene esa oportunidad. Aún así existen otras posibilidades, como por ejemplo:

  • No usar Internet mientras estamos estudiando. Si necesitamos del ordenador nos descargamos todo el material y posteriormente desconectamos la wi-fi.
  • Podemos dejar el teléfono encendido pero sin el 3G, se trata de que durante un tiempo no estemos pendientes de las notificaciones del whassap o el facebook.
  • Pedir a nuestros familiares o amigos que nos interrumpan lo mínimo posible durante el tiempo que hemos decidido estar estudiando.
  • También y sólo si somos capaces de estudiar con música, puede ser de ayuda elegir música instrumental para conseguir un ambiente que nos evada durante el tiempo de estudio del ruido exterior.

Casi todas estas recomendaciones son propias y por supuesto, como he comentado anteriormente no son únicas. A mí me funcionaban y por esa razón las comparto, pero cada uno ha de ir creándose su propia metodología según su persona. Puede que estudies mejor por las noches, que necesites alguna hora más o quizás menos para desarrollar el mismo trabajo, pero seguro que todas ellas tienen estos tres pilares en común.

Post realizado por Thais Ávila Valverde

Salir de la zona de confort y la confianza en uno mismo: primer paso para demostrar.

Cuando estudiamos Matemáticas tanto durante secundaria como el bachillerato, muchas veces nos acostumbramos a que nos den metodologías para resolver los problemas que se nos proponen. Inicialmente esta estrategia nos resulta provechosa, puesto qué si consigues entender con facilidad y adecuadamente en qué consisten, seguramente acabes estando entre los alumnos destacados de tu clase en muchas de las asignaturas de ciencias.

Foto realizada por Thais Ávila Valverde

Foto realizada por Thais Ávila Valverde

¿Qué pasa cuando llegamos a la carrera de matemáticas y nos damos cuenta de que la base de las matemáticas es demostrar resultados además de resolver problemas? Al principio sentimos desconfianza, pues es habitual que hasta el momento no estemos familiarizados con esta metodología de trabajo, sino que nos creíamos los resultados sin más, y resolvíamos los problemas a base de fórmulas propuestas por otras personas.

Posteriormente, cuando el profesor empieza con los primeros resultados y los demuestra, entramos en una nueva fase, primero pensamos –‘Bueno, menos mal que yo sólo he de comprender la demostración o aprendérmela de memoria… ¡Gracias a Dios!’–. Creemos que es imposible que nosotros alcancemos el nivel necesario para poder demostrar cosas, que únicamente el mero hecho de entenderlo o quizá aprendérselo de memoria (aunque sin entender lo que hacemos) supone ya un reto considerable.  Finalmente parece que lo tenemos todo controlado, aunque nos resulta difícil creemos que lo podemos conseguir, hasta que inesperadamente el profesor dice las palabras mágicas –‘Os voy a proponer como cuestión…’–. Entonces de nuevo se hace el silencio, vemos caras de sorpresa y se propaga el miedo escénico. ¿Una cuestión? ¿Eso significa que tenemos que demostrar algo por nosotros mismos? Y por mucho que nos duela, la respuesta es un sí rotundo. Ahora sí que no hay vuelta de hoja, parece ser que vamos a tener que ser nosotros los que creemos fórmulas, y tengamos esas ideas felices que aparecen en los teoremas.

De repente empezamos a escuchar una voz que nos habla en nuestro interior y nos dice cosas cómo:

‘Este tío que se ha creído que somos superdotados, y que vamos a tener como él esas ideas felices’

‘A mí si no me dicen lo que he de hacer, no soy capaz de dar ningún paso’

‘¿Demostración? ¿Cuestión? Eso para el genio de Ángel, ¿pero yo?, si no sé ni siquiera por dónde empezar’

Así como muchas afirmaciones parecidas, que menosprecian nuestras capacidades. ¿Por qué sucede esto? Por dos razones principalmente:

  1. La primera razón suele ser el miedo a lo desconocido. Hasta el momento, cómo bien he dicho antes, eran terceras personas quiénes creaban y demostraban los teoremas, y hasta el momento nosotros no nos habíamos enfrentado al reto que supone crear por nosotros mismos nuestras propias herramientas para resolver los problemas.

Existe un término en coaching denominado ‘Zona de Confort’ que viene a definirnos esta idea. Bien, ¿Qué quiere decir esto?,   tan sólo hemos de indagar por internet para obtener una primera respuesta.

La Zona de Confort es aquella en la que nos encontramos seguros, en la que tenemos el control, nada se nos escapa de las   manos y que conocemos de principio a fin. Es una zona que hemos ido conquistando, en la que lo tenemos todo aprendido y que a su vez también nos ha conquistado a nosotros.

Es fácil de entender, ¿no?, hasta ahora sabíamos que éramos muy buenos resolviendo problemas y por eso nos sentíamos seguros. Pero, eso de demostrar es algo nuevo  que no sabemos si vamos a ser capaces de realizar. Aquí es dónde se origina la segunda razón.

  1. La confianza en nosotros mismos. En nuestra sociedad a las personas con confianza en uno mismo se les ve como brabucones, personas agresivas, para las cuáles sus ideas son las únicas válidas, o locos que lo arriesgan todo, llegando a veces incluso a  perder su vida en el intento. También porqué de alguna manera el juego Ganador-Perdedor está muy arraigado, ¿Que quiero decir con todo esto?, básicamente nos enseñan que  tan sólo unas pocas personas son capaces de  lograr grandes hazañas en la vida, en vez de enseñarnos que quizá los objetivos de  cada uno son diferentes, y que no todos necesitamos llegar a hacer cosas que cambien el mundo para estar satisfechos con nosotros mismos.

Una vez tengamos clara la necesidad de este cambio de creencia, hemos de vernos como personas capaces de poner en duda nuestras limitaciones, creer más en nosotros y en nuestras capacidades. Esto no quiere decir que el camino hasta llegar a conseguir nuestro objetivo sea un camino fácil. Habrá gente que quizá por haber participado en las olimpiadas de matemáticas o quizá porqué ya se había encontrado con ese reto anteriormente, tenga más fluidez, pero esto únicamente significa que han conseguido dar el primer paso hacia lo desconocido, y que tienen fe en que son capaces de hacer demostraciones por sí mismos.

 Así que estos son los mensajes que debemos de enviarnos a nosotros mismos:

‘Ten fe, nadie nace enseñado, si te equivocas no pasa nada, aprenderás dónde estaba el error  para no volverlo a cometerlo’

‘Siento la intuición de que esto tiene que ser así, voy a creérmelo inicialmente y compararlo con mi compañero a ver qué opina’

‘A ver qué conceptos hemos trabajado, ¿Qué es lo que tengo?, ¿A dónde quiero llegar?, muy bien, ya lo tengo, de acuerdo ahora sólo he de ir construyendo lo del medio’

Si no enfrentamos los problemas como retos superables, si no nos animamos a salir de nuestra zona de confort o no trabajamos nuestra intuición para creer en nosotros mismos, nunca daremos el primer paso para crear demostraciones y resolver cuestiones, y nosotros queremos ser matemáticos, así que ¿A qué estás esperando para dar ese primero paso?

Como material complementario os adjunto este vídeo en el que se nos explica qué es la Zona de Confort, el vídeo está enfocado a su aplicación en todo tipo de situaciones cotidianas, y no específicamente para las demostraciones en matemáticas, pero resulta interesante y aclaratorio para todo lo que he querido trasmitiros en este post.

Post realizado por Thais  Ávila Valverde

El Autoaprendizaje: aprender a ser autosuficientes aprendiendo.

Esta entrada participa en la Edición 4.12310562 del Carnaval de Matemáticas
cuyo blog anfitrión es ZTFNews.org

Como matemático que soy, empezaré definiendo el término:

Definiremos autoaprendizaje o aprendizaje autónomo, al acto de emprender y completar la tarea de aprendizaje sin tutela, como un acto propio de autorreflexión. Es decir, el acto de investigar por tu cuenta aquellas cosas que consideras importantes.

Fotografia realizada por Thais Ávila Valverde

Fotografía realizada por Thais Ávila Valverde

Este acto, aunque parezca algo bastante normal en la curiosidad de los niños, es reprimido por el sistema educativo español hasta el día de hoy (año 2013), ya que desde que eres pequeño en las escuelas te enseñan a repetir una y otra vez los mismos temarios estáticos sin intentar fomentar que los estudiantes aprendan por sí mismo y los profesores tutelen esa enseñanza.

Quiero remarcar que, en ningún caso, me considero profesional en el campo, y este texto forma parte de la experiencia personal en la que el autoaprendizaje ha tenido una gran labor en mi vida y me ha dado grandes facilidades y un gran disfrute personal.

El autoaprendizaje aparece como algo natural e inherente en las personas desde pequeño, cuando nacemos no paramos de aprender, vemos cosas, escuchamos sonidos, aprendemos como se mueve nuestro cuerpo… es decir, lo aprendemos todo (excepto el acto inherente de mamar que es el único acto considerado que naces ya sabiendo), pero si nos fijamos, nadie nos dice como hemos de aprenderlo, nadie nos enseña a ver cosas, a mirar, a mover las manos. Esto ocurre porque el aprendizaje es placentero. Al crecer empezamos a aprender por imitación, escuchamos a nuestros padres e intentamos decir lo mismo que ellos o intentamos caminar como lo hacen ellos. Como podemos observar en estos dos actos de aprendizaje, nadie nos obliga a aprender algo, somos nosotros quien por algún motivo decidimos aprender ciertas cosas antes que otras.

Estos procesos siguen produciéndose a lo largo de la infancia, nos hacemos preguntas de ¿y esto por qué?, como si de pequeños científicos se tratara (a menor escala intelectual claramente) pero esta es la semilla del conocimiento de cada niño.

El problema llega a la edad que empiezas la educación obligatoria en la que te obligan a memorizar cosas porque sí, sin motivo para un niño, sin un descubrimiento propio, esto produce un gran estrés y muchos asocian el acto de memorizar al de aprender, pasando de ser algo placentero a ser una tortura, imposición y no un acto de descubrimiento propio.

Quiero remarcar que aunque el aprendizaje sea tutelado, el descubrimiento para una persona siempre es propio aunque lo haya descubierto antes otra persona, el descubrimiento propio es muy placentero, es esa sensación de alegría que tienes  cuando hay algo que no entendías y lo consigues por fin entender.

Por esto mismo, tomar la decisión de volver a autoaprender, es volver a ser niños, volver a buscar respuestas a aquellas preguntas que no sabes cuales son y tienes curiosidad por saberlas.

Antes de seguir con las ventajas del aprendizaje autónomo y de mi experiencia personal, quería remarcar que este tipo de aprendizaje es a nivel de individuo, no a nivel colectivo, ya que no tendría mucho sentido volver a descubrir aquellas cosas que ya están investigadas, pero si descubrirlas para uno mismo. Por este motivo, dentro de los tipos de aprendizajes autónomos se consideran:

  • Tutelados: Se basan en que tú descubres las cosas, pero un tutor te aconseja que material has de utilizar, te ayuda cuando te atrancas, pero no te da la solución ni te dice que has de hacer, tú eliges el camino y él es tu guía espiritual en el camino del conocimiento, no un spoiler del conocimiento.  Existen  diferentes grados dependiendo de la ayuda que te brinda. Este método es potenciado si el tutor te motiva, por tanto es el que se utiliza (o se debería utilizar, ya que siempre no es así) en el mundo universitario.
  • Autoaprendizaje puro: Este se basa en tener curiosidad en algún tema y buscarte tú mismo libros y material del tema, para  así solventar tus curiosidades.

¿Qué ventajas aporta tener una vida con mucho autoaprendizaje?

  • Capacidad de superación: Porque al no tener miedo a aprender, cada vez que encuentras una piedra en el camino buscas cómo aprender a saltarla sin caerte, y en el caso de caerte intentas aprender cómo no volver a hacerlo.
  • Capacidad de búsqueda:  Aumentas tu facilidad a la hora de buscar respuestas.
  • Capacidad intelectual y facilidad por aprender nuevas cosas: Aumentas tu capacidad intelectual ya que siempre estarás aprendiendo y te resultará más fácil aprender nuevas cosas, debido a que tu cerebro es como los músculos, cuanto más lo ejercitas, más fácil te resulta.

Hay que destacar, que el autoaprendizaje es bueno, pero el autoaprendizaje en múltiples campos tiene la ventaja de no quedarte encasillado en un campo y, la más importante de todas, fomenta la creatividad y elimina la monotonía, ya que siempre encontrarás retos nuevos.

Como experiencia personal, he de decir que el autoaprendizaje ha sido muy beneficioso en mi vida, me ha permitido distinguirme entre el resto de matemáticos de mi promoción, obteniendo conocimientos que no son de mi rama, esto ha fomentado la creación de mi propio perfil profesional y académico. Pero lo más importante ha sido la gran satisfacción personal y una facilidad a no tener miedo a enfrentarme a nuevos retos intelectuales.

Por estos motivos os recomiendo que no os conforméis con el temario que os den, la vida es mucho más que un temario cerrado, busca tus propias inquietudes, pregunta a profesionales del tema, busca en internet e intenta ampliar tus conocimientos por inquietud propia. Es decir, aprender a ser autosuficientes aprendiendo.

Post realizado por  Perfecto Vidal Lloret

Primer contacto con el mundo académico de las matemáticas: el paso del instituto al grado.

Son muchos los caminos que nos llevan al  grado de matemáticas; es más, no todas las personas eligen tomar el camino de las matemáticas en el mismo momento de su vida (aunque eso se aplica a cualquier rama).  Pero los estudiantes de matemáticas, al tomar esa decisión, no saben exactamente lo que se van a encontrar.

facultad de matemáticas

Foto Realizada por Elmis García Zare

Una posibilidad para decidir entrar en el mundo de las matemáticas es provenir de las olimpiadas matemáticas; allí, los futuros estudiantes de matemáticas aprenden a resolver problemas y disfrutan del proceso de resolución. Estos olímpicos se van a encontrar con ese tipo de proceso durante el grado aunque los problemas a resolver no serán de la misma índole. La parte positiva de haber participado en las olimpiadas viene dada por la constancia en la resolución de problemas, sin embargo, no serán los mejores estudiantes de matemáticas necesariamente (aunque sí que serán de los que estarán mejor preparados para el paso del instituto al grado).

Por otro lado, y en sentido opuesto a los olímpicos, nos encontramos con aquellos estudiantes que provienen de institutos donde se los prepara para la selectividad. Este colectivo de estudiantes de matemáticas han recibido clases de 2º de bachillerato encaminadas a sacar una buena nota en un examen y no a introducir en las matemáticas que podrían necesitar en cualquier ingeniería (y, por supuesto, en el grado de matemáticas). Para ellos, el paso del instituto al grado va a ser más duro, porque las matemáticas que habrán visto en el instituto estarán más centradas en aportar recetas de resolución de problemas mientras que en el grado  les van a construir una teoría matemática en la cual las recetas no existen, sino que los conocimientos vienen ligados a la aplicación de los mismos. Aunque sea un golpe duro, los grados de matemáticas empiezan desde el nivel más básico.

Vistos los dos extremos posibles de perfiles que se podrían dirigir a estudiar el grado de matemáticas, otro factor a tener en cuenta es la abstracción. En mi caso particular fui un estudiante que no disfrutaba en las clases de filosofía en bachillerato; pero más tarde, me di cuenta de lo interesante que era ponerse en el punto de vista de otros pensadores e intentar ver como llegaban a sus razonamientos. Una vez entré a matemáticas me di cuenta de que existía un paralelismo entre la temida filosofía y las teorías matemáticas; entrabas a un mundo en el cual tenías que comprender las leyes (axiomas, lemas, teoremas) que lo regían y mediante los cuales obtener nuevos resultados o aplicaciones prácticas a ejercicios y problemas.

En conclusión, el problema más duro en el que se van a afrontar los nuevos estudiantes va a ser la abstracción y el rigor matemático. Muchos estudiantes entran al grado sin conocer exactamente el concepto de Demostración, siendo este un concepto necesario en todas las asignaturas del grado de matemáticas; es por eso que los cursos de Matemática Básica son tan importantes para no perder el hilo en las otras asignaturas. En la Facultat de Matemàtiques de la Universitat de València existía lo que se llamaba “el síndrome de noviembre” en el cual abandonaba mucha gente el grado de matemáticas ya que las clases se hacían muy duras si no habían sido capaces de entender lo básico de esta ciencia; aunque, una vez se entendían estos conceptos básicos, el primer año se convertía en un curso donde se daba rigor a las cosas aprendidas durante el bachillerato, siendo así una buena forma de entrar en este mundo.

Los estudiantes de primer año no solo se encuentran con un nuevo mundo matemático, sino con un nuevo mundo universitario, uno en el que encuentran amigos que les seguirán toda su vida (aunque estén lejos) y en el que vivirán grandes experiencias tanto dentro como fuera de las clases.

Al fin y al cabo, todo el mundo debería de encontrar el tema que les rete aunque algunas veces les frustre; un tema en el que puede que no tengan talento natural, pero en el cual se sientan realizados después de un duro trabajo; un tema que les haga crecer como personas y como estudiantes.

Post realizado por  Juan Miguel Ribera Puchades.